El camino hacia la "Churonita": Crónica de un viaje de fe al Santuario de El Cisne
En lo más alto de las montañas lojanas, donde las nubes parecen descansar sobre las cúpulas góticas, se erige el Santuario Nacional de El Cisne. Este rincón, impregnado de incienso y devoción, es el destino final de miles de ecuatorianos que, desde todos los puntos cardinales, emprenden una travesía que cruza valles, páramos y llanuras costeras.
Desde el corazón de los Andes y el Litoral
Para quienes inician el viaje en Quito, la aventura comienza en el Terminal Quitumbe. Los buses de la Cooperativa Loja Internacional, Unión Cariamanga o Cooperativa Santa se internan en la Troncal de la Sierra, atravesando la "Avenida de los Volcanes". Es un viaje largo pero pintoresco, donde los pasajeros ven desfilar las luces de Ambato y Riobamba, ciudades que también sirven como puertos de abordaje para quienes se suman a la ruta desde el centro del país.
Desde la Costa, el trayecto tiene otro aroma. En Guayaquil, los viajeros parten desde la Terminal Terrestre en unidades de Transportes Nambija, Super Semería o la infaltable Cooperativa Loja. La vía los lleva a subir la cordillera, dejando atrás el calor para abrazar la neblina. En cambio, desde Manta, el viaje es más extenso; los devotos suelen conectar primero con Guayaquil o tomar rutas directas que los llevan por el perfil costanero antes de ascender hacia los Andes.
Más al norte, en Santo Domingo de los Tsáchilas, el punto de partida es un nudo de caminos. Desde aquí, las unidades atraviesan gran parte del país para llegar al sur. En el sur costanero, desde Machala, el viaje es más corto pero empinado, con buses de Cooperativa Loja o TAC que serpentean por la provincia de El Oro hasta cruzar el límite con Loja.
Para los vecinos cercanos en Cuenca, la travesía es casi un ritual de fin de semana. Las unidades de Viajeros Internacional o Catamayo Express recorren la vía Panamericana en un trayecto de pocas horas, mientras que desde la propia ciudad de Loja, el viaje es apenas un salto de una hora y media en buses interparroquiales que salen constantemente desde la Terminal Terrestre Reina del Cisne.
¿Qué hacer al llegar a El Cisne?
Al desembarcar en la parroquia, el aire se siente distinto. Lo primero que cautiva al visitante es la majestuosa Basílica de El Cisne, una imponente estructura de estilo neogótico que guarda en su interior a la pequeña imagen de la Virgen, cariñosamente llamada "La Churonita" por sus cabellos ondulados.
La experiencia en El Cisne es, ante todo, espiritual y cultural:
Visitar el Museo de Arte Religioso: Ubicado bajo el santuario, este espacio resguarda tesoros históricos, desde mantos bordados en oro hasta joyas y reliquias entregadas por fieles en gratitud por milagros recibidos.
Beber del "Agua del Milagro": Muchos peregrinos acuden a las fuentes cercanas al santuario para llevar consigo agua que consideran bendita.
Senderismo al Cerro Potochuro: Para los más activos, caminar hacia los miradores naturales ofrece una vista panorámica de la cordillera que quita el aliento.
Gastronomía Lojana: Es imposible irse sin probar la cocina local. En los alrededores de la plaza central, el aroma de la cecina lojana (carne de cerdo ahumada) se mezcla con el de las humitas y el tamal lojano. Para el frío de la altura, nada mejor que un café de altura acompañado de bocadillos (dulces de panela y maní).
El Cisne no es solo un destino; es un encuentro entre la geografía diversa del Ecuador y la fe inquebrantable de su gente. Ya sea por devoción o por turismo, el viaje hacia este rincón lojano siempre deja una huella en el alma del viajero.
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