Gualaceo: El jardín azuayo donde los caminos se vuelven arte
Enclavado en un valle donde el aire huele a huertos de durazno y el sonido del río Santa Bárbara marca el compás de los días, se alza Gualaceo. Conocido cariñosamente como el "Jardín del Azuay", este cantón es un punto de encuentro donde la destreza de las manos artesanas y la calidez de su gente invitan a una pausa necesaria. Para el viajero, llegar a este rincón es descubrir que Ecuador se recorre mejor cuando el destino promete una mezcla de historia, sabor y color.
El mapa de la travesía: Rutas que conectan al jardín
Desde cualquier punto del país, el viaje hacia Gualaceo es una lección de geografía viva. Quienes parten desde Quito, Ambato o Riobamba deben abrazar la Troncal de la Sierra (E35). La ruta desciende por la cordillera, atravesando el nudo del Azuay; tras pasar por la histórica ciudad de Biblián y Azogues, se toma el desvío hacia la vía El Descanso-Gualaceo, un trayecto donde las montañas parecen cerrarse para dar paso al valle. Las cooperativas Patria, Turismo Oriental y Santa son las compañeras habituales en este recorrido de cumbres y valles.
Desde la Costa, el ascenso es un espectáculo de contrastes. Saliendo de Guayaquil, los viajeros suelen tomar la vía a la Costa para luego conectar con la carretera Cuenca-Molleturo-Naranjal. Una vez en Cuenca, el paso es corto, pero quienes buscan una ruta directa desde el Puerto Principal optan por las unidades de Transportes Azuay o Súper Semería. Desde Manta y Santo Domingo, la ruta obliga a cruzar las llanuras costeras antes de trepar por los flancos occidentales de los Andes, mientras que desde Machala, la vía por Pasaje y Girón ofrece un ascenso serpenteante con vistas de cascadas y bosques nublados.
Para los vecinos del sur, en Loja, el trayecto sube por la Panamericana Sur hacia Cuenca, un viaje de valles secos que se transforman en pastizales verdes. Sin embargo, es desde Cuenca donde el flujo es constante: los buses para Gualaceo parten cada 15 minutos desde el Terminal Terrestre, recorriendo la vía rápida que bordea el río Paute, en un viaje de apenas cuarenta y cinco minutos que separa la capital provincial de la paz del jardín.
La vida en el Santa Bárbara: ¿Qué descubrir?
Al cruzar el puente de ingreso, Gualaceo recibe al visitante con su arquitectura de teja y madera. La vida aquí gira en torno a sus mercados y sus orillas. El Mercado Central es el primer destino: allí, el humo del hornado y el aroma del "morocho" caliente atraen a propios y extraños.
Pero la esencia gualaceña está en sus manos. En el sector de Bullcay y Bullzhún, los artesanos mantienen viva la técnica del Ikat. Es imperdible visitar los talleres donde se tejen las macanas (paños finos), donde el hilo se amarra y tiñe con nogal y cochinilla antes de pasar al telar de cintura. Para quienes buscan elegancia, el centro del pueblo es un escaparate de calzado de cuero, cuya fama trasciende fronteras por su durabilidad y diseño.
Si el cuerpo pide naturaleza, las riberas del río Santa Bárbara ofrecen senderos arbolados, parques lineales y espacios para el descanso, mientras que los más aventureros pueden subir hacia los bosques protectores para divisar el valle en toda su magnitud.
El calendario de la alegría: Fiestas y tradiciones
Gualaceo no solo se visita, se celebra. El calendario festivo es el reflejo de un pueblo que ama sus raíces:
Carnaval del Río: En febrero, las orillas del río se llenan de música y color. Es una de las fiestas más grandes del país, donde el agua y la gastronomía local son los protagonistas.
Cantonización: Cada 25 de junio, el cantón conmemora su independencia con desfiles cívicos y ferias artesanales que muestran lo mejor de su producción.
Fiestas de Santiago Apóstol: En julio, la fe se toma las calles. Las procesiones en honor al "Santo Patrono" se mezclan con la quema de castillos y bailes populares que iluminan las noches andinas.
Gualaceo es, en definitiva, el destino donde el viajero llega como extraño y se va como amigo, con una macana al hombro y el sabor del mote pillo aún en el recuerdo.
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